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EL
ARCHIPIÉLAGO ORWELL
ISBN: 84-931070-7-7
Autora: Mercedes Rosúa
488 págs. 19,23 € (3.200 ptas.)
1ª edición:
noviembre de 2001
Índice
Capítulo I. Recuerdo de China: Imperio y periferia;
Lengua y pensamiento; Segundo viaje al Oeste; Plataforma continental; Marea
baja; Cambio de archipiélago; Historias; Cajas chinas; Tierra adentro;
La ausencia de Heródoto; La sonrisa de Aristóteles; Veinte años
son todo. Capítulo II. Tiempo de chantaje: Brindis; Y el Verbo
se hizo izquierda; Añoranza de Camboya; La máquina de infantilizar.
Capítulo III: Las Islas Felices
La recapitulación
de las consignas expresadas en los primeros escritos de Mao muestra, pues,
una serie de ideas muy limitadas en su número y profundidad, a las
que el tono categórico, la aparente simplicidad incuestionable y la
finalidad supuestamente benéfica impulsa a calificar de verdaderas
sin serlo en absoluto. De hecho enuncian perfectas falsedades, datos parciales,
observaciones partidistas. Resultan halagadoras para las supuestas amplias
masas por la misma pobreza de su análisis, entroncan con el pragmatismo
tradicional y rural y, al eliminar los conceptos de excelencia, especulación
teórica, valoración del individuo y creación libre, reducen
el horizonte a dimensiones de mínimo esfuerzo intelectual. Se trata
de simples estrategias coyunturales, pero la situación de poder por
parte del Partido que las propugna, del Jefe que las afirma, hace de ellas
dogmas. Sus inseparables compañeros son la denuncia, represión
y eliminación de cualquier planteamiento, actividad, obra y persona
concreta que les sea ajena. Su eficacia en la construcción de parcelas
totalitarias, y las dimensiones de éstas, dependerán de la cantidad
de poder de la que los que las utilizan dispongan. Podrán construir,
no ya islas, sino un vasto continente del tamaño de la República
Popular China. Eliminarán física o socialmente a unas cuantas
decenas de millones de personas -ay de los disidentes cuando se manejan cifras
macroscópicas-. Reducirán, en cuatro años de experimento
camboyano, la población en un tercio. O deberán conformarse,
en el caso de países democráticos, con los acogedores cotos
de Educación y Cultura que la coyuntura o las votaciones ofrezcan a
partidos y grupos de presión. (Págs. 49-50)
(...)
La Revolución Cultural supo capitalizar esa muda e intensa represión,
y canalizó adecuadamente hacia los objetivos deseados la soterrada
agresividad resultante. Dos años más tarde esa juventud estrictamente
dirigida en pensamiento, palabra y obra no aclamará sino a un jefe.
(Pág. 74)
(...)
La banalización misma del término totalitario, como del
de fascista, constituye, en sí, un serio peligro. El sistema
actual, en Europa, no lo es políticamente, pero cuando de totalitarismo
se habla conviene entender un proceso que actúa de manera incesante
e irregular. No hay una concentración de poder en manos de un solo
grupo o partido, ni siquiera un control -¿para qué tomarse tantas
molestias?- de todos los aspectos de la vida de la población. Pero
sí existe una técnica de dominio de los medios comunicativos-en
el caso del Partido Popular español por vía de concesiones estatales,
con el partido anterior por medios más burdos de amiguismo y corrupción
directa-, de forma que la población sepa lo que conviene en las dosis
convenientes. Esto, combinado con el bienestar de la sopa boba, esboza totalitarismos
de nueva generación tan mutantes como los virus, inatacables y en los
que la víctima es directamente el individuo. El nuevo proceso totalitario,
que viene del siglo XIX y del que son testimonios la desaparición de
las grandes figuras solitarias, se caracteriza por una especial animosidad
contra la grandeza, una perversión del término democracia y
una imposición generalizada del gregarismo y el anonimato. Apunta todas
sus baterías hacia la anulación del individuo y no advierte
que, con él, elimina la fuente y raíz fundamental del progreso
y la aventura humana. (Pág. 470)
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